Chico bobo.
La luz fluorescente inundaba la habitación verde con su antiséptico y neutral brillo mientras las chicas garabateaban el papel de manera frenética y automática de quien tiene el hábito metido bajo la piel de expresarse hilvanando palabras. El chico de la cola de fregona miraba en estado casi catatónico con la boca abierta de par en par y la baba goteando por su descuidada barba; cómo los hábiles dedos de aquel grupo de mujeres entretejía las palabras con únicamente el sonido del rasgar del lápiz sobre el papel.