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Trastos & Letras

Escribir con el final.

 

Matilda, la señora de la limpieza murmura por lo bajo algunos juramentos mientras termina de fregar el gran vestíbulo del edificio de oficinas que le toca hacer los martes, pero está demasiado alterada y decide salir a la calle a fumarse un pitillo para calmar los nervios antes de recoger sus utensilios de limpieza. Atraviesa la puerta de entrada y convida a Blas, el segurata. Conversan sobre el tiempo; que está loco, que antes sí hacía frío de verdad, y que aquello no es normal. Termina su cigarro, lo apaga en el cenicero de la entrada y vuelve a su trabajo. Cuando está a punto de irse, encuentra lo que parece ser una billetera atascada en la puerta del ascensor, la recoge y revisa el contenido en busca del nombre del propietario mientras se dirige a entregarla en recepción. Localiza el DNI y en la foto reconoce al gilipollas de Damián García García, que acaba de llamarle de todo por resbalar a la salida del ascensor y darse un batacazo monumental, a pesar de estar bien puestos y claros los carteles de “Precaución, suelo recién fregado”. Automáticamente cambia de dirección, saca los nada desdeñables quinientos euros que contiene la cartera, borra sus huellas con un trapo para el polvo que lleva en el traje de faena, y echa el resto a la basura. Se despide de Blas a la salida, y se marcha con una sonrisa a coger el bus número diez.

 

Damián sale del edificio de oficinas y pasa por delante de Blas sin mediar palabra, se sube a un taxi que se pone en marcha en ese justo momento y escupe la dirección de un barrio pijo. Ante los múltiples intentos de entablar conversación del taxista, Blas se desespera y le contesta de mala manera que le deje en paz. Para matar el tiempo decide coger su teléfono móvil de última generación del bolsillo de su Adolfo Dominguez; pero se da cuenta que ha perdido la cartera, y trata en vano de excusarse con el taxista, quien da por finalizada la carrera y le deja plantado en medio del Raval. Sin otra opción, se sienta en un banco e intenta llamar a su mujer para que venga a recogerle, con tan mala suerte de que en éstas, salen de un callejón oscuro un grupo de punkis que se meten con él, le roban el móvil y le dan una paliza que le deja medio muerto.

 

Matilda dobla la esquina y ve a alguien gimiendo lastimosamente en un banco. Se acerca con la intención de ayudar pero al ver el rostro magullado de Damián no puede evitar reírse a carcajadas durante largo rato. Luego, saca una moneda de su bolso de los chinos, se acerca a una cabina y llama a una ambulancia. Se marcha a casa contenta, pensando que ha sido un día duro pero justo.

 

Luis.

1 comentario

Mª José -

Has forzado el final, no sabías muy bien como añadirlo a tu historia, pero no te perocupes eso es lo normal, que cueste y que se note esa fuerza mayor, esto nos enseña a que no es suficiente con saber el final, si no que hay que atar antes bien los cabos para que no resulte forzoso, de hecho es una buena historia, aunque un poco más larga hubiese sido la hostia.
Nos vemos