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Trastos & Letras

Recuerdo...

 

Recuerdo la primera vez que subí al barco, tenía ocho años. Me costó muchos días convencer a papá de que me dejara ir con él. Tenía un gran respeto por su patrón, Aurélio Peres, un portugués que había hecho dinero comerciando con marfil y piel de cocodrilo en la guerra de independencia de Angola. Decía que no era lugar para un niño tan pequeño, que de mayor si quería, podía ser pescador como él, que don Aurélio seguro que me daba trabajo. Una noche, papá llego más pronto a casa y cenó con nosotros, porque había un fuerte temporal. Después se acercó a mi cama y me dijo que había pedido permiso a don Aurélio, y que al día siguiente me llevaría al barco que estaría en el puerto porque tenían que hacer unas reparaciones mientras amainaba el mal tiempo, con la condición de no molestar a los obreros, permaneciera a su lado todo el tiempo y me comportara como un hombrecito delante del patrón. No pegué ojo en toda la noche, y aún estaba amaneciendo cuando los desperté dando brincos sobre su cama. Desayunamos pan untado en leche y miel, paseamos juntos hasta el puerto y echamos una carrera hasta el pesquero. En el barco todo era grande, grandes grúas que arrastraban grandes redes, grandes herramientas y máquinas, y grandes y fornidos trabajadores que contrastaban con la delgadez de mi padre y con mi propia menudez. Y aun así lo que más me impresionó fue conocer al capitán, un hombre de alta estatura y rostro afable que nos invitó a comer con él en su camarote mientras charlábamos. Aun ahora suelo encontrármelo deambulando por el puerto y contemplando el océano con la mirada ausente.

Luis.

 

1 comentario

Mª José -

Un recuerdo muy vivo, un calor familiar que le ha abandonado durante casi toda su vida. Un niño privado de su familia, de sus sueños, una gran historia cueces en tu cabeza, me gustaría poder leerla algún día. Ánimo, lo siguiente se pierde un poco del personaje pero lo retomaremos más adelante.
El próximo sábado trabajo así que colgadme lo que hagáis por aquí.