escribir con el final
Julio no sentía nada. Abrió un poco los ojos y los volvió a cerrar. Y allí estaba aquel hombre, riéndose a carcajadas.
Ese día Julio había desayunado en el Café di Roma, cerca de su trabajo. Se fijó en que la camarera no tenía prisa al atender a sus clientes. Iba despacio, uno detrás de otro. Como iba bien de tiempo se detuvo a observarla. Estaba sonriente y era amable. Esto sorprendió gratamente a Julio y se lanzó a preguntarle su nombre.
-Me llamo Lola, dijo ella. Tendría ventitantos años.
-Yo Julio, se presentó él.
-Encantada.
Julio ya se tenía que marchar y se despidió.
Fue a su trabajo de buen humor, como cada día. Pero al salir para comer le pareció que le seguían. Era un tipo con pinta de macarra, con pendientes en las orejas y tatuajes en los brazos.
Julio cogió su bocadillo y se dirigió al parque. Se sentó en un banco al sol y se dispuso a comer. El macarra se acercó.
-¿qué te traes con la Lola?
-¿Yo?, nada.
-Te he visto esta mañana ligar con ella.
-Sólo le pregunté su nombre, nada más.
-La Lola es mía.Que te quede claro.
Y comenzó a darle una monumental paliza.
Esa tarde Julio no volvió a trabajar. Los golpes lo dejaron tirado en el banco del parque. Las palomas devoraban el pan de su bocadillo. Un mendigo pasó por allí y arrebató el bocadillo a las aves. Se lo empezó a comer con ansia mientras reía a carcajadas.
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Mª José -